Por: Falcón
Mamá tomó la bicicleta, montó a ella y me dio la mano para
que subiera en la “tonta” canastilla para bebé, que Raúl el de las bicicletas
mucho antes de que yo fuera consciente, la había adicionado. Hacía apenas 2
meses, antes de vacaciones, que con mamá hacíamos la rutina que ahora estábamos
por comenzar: Levantarme, limpiarme la cara con una toallita húmeda, cambiarme
el calzoncillo si es que por la noche hubo ocurrido algún desaguisado, ponerme
el “ridículo” pantalón a cuadros rojinegro, la camisita blanca y el gracioso
mandilito. Desayunaba un cereal sabor chocolate -¡mmmn!- «mi favorito», tomaba
mi lonchera mientras mamá sacaba la
bici. Subía con ella, feliz, rumbo al “Jardín de Niños”.
Hoy parecería un día igual, pero no era así. Quizá por eso
desde que íbamos por la Calle de las Carreras, sentía un prurito, una comezón
en todo el cuerpo y en malestar en el estómago ¿Tenía vergüenza? No era igual a los demás días porque hoy
entraba a la Primaria. Pasamos frente al Kinder y la “resbaladilla” que tanto gozaba
en los recreos ahora me parecía cosa de bebes, el “sube y baja” al que no me
molestaba hacer fila durante más de 2 minutos para que me tocara turno de subir
hacía apenas 2 meses, ahora me daba pena. Bajamos de la bici media cuadra antes
dela puerta de la escuela. Mamá la estacionó y me tomó de la mano hasta llegar
a la puerta de la escuela, me dio un beso y la puerta se cerró. Escuché a mis
espaldas el barullo de muchas voces, gritos, risas… mis rodillas estaba
paralizadas y sentí no poder girar sobre puntas y talones para ver aquel mundo
nuevo que ya era una carga a mis espaldas, era algo así como cuando “el Mani”
colocó unas falsas pero pesadas alas a mi espalda el día de la caravana
navideña el año pasado. Pero llegó a mi rescate Kim, la niña pecosita que era
mi compañera desde la guardería y ahora había llegado antes, -como siempre-, me
tomó de la mano y me condujo entre aquel mar de rostros, brazos, piernas y
pies, hasta el salón de 1ero. Mi nuevo salón.
Entré a un ámbito poco ergonómico: Butacas que nada se
parecía a las fabulosas sillitas del Catalina, -así se llama el Jardín de
Niños-, un pintarrón más alto y más compañeros, ¡muchos más! y la mayoría de ellos hasta entonces desconocidos para mí.
Estaban de mis antiguos compañeros: La Kim, Fer, Dana, Ozi, el HJ (Héctor
Jesús), Vane, Alexander, Escarlet, Iriani… pero también un gigante obeso que
casi le llegaba al hombro a la maestra, y ¡disque tenía 6 como yo! Va. Detrás
de mi butaca estaba sentada una niña muy delgadita con ojeras profundas, a mi
derecha un niño más que amarillo, casi de color blanco en la piel con dientes
de platino; también una niña que olía a rayos, un niño nefasto que a leguas se
le veía su maldad, «quizá era así por tenía familia sin amor», una niña muy
inteligente de ojos grandes y pelo cafecito, otra bajita que parecía que 4
años, pero hablaba mejor que yo. Yo al pronunciar palabras con “r” inicial o
“rr” siempre pongo en su lugar una “d”, ¡ya sabrán la risa que causa a algunos
niños y adultos en que yo que no hable bien!, pero espero que pronto pueda
pronunciar mejor las “edes”.
Sonó una curiosita campana y la maestra invitó a que
pasáramos al patio a nuestro recreo. Yo salí corriendo, para tomar aire, para
tomar distancia, para asimilar tantas experiencias nuevas. ¿Ir a las
resbaladillas?, oo, «aquí no hay resbaladillas», ¿al “sube y baja”?, «este no
es el set de Dora, aquí no hay eso», ¿a los columpios? Columpios si había pero
estaban todos ocupados y aunque estuvieran libres, eran tan altos que los
asientos al final de las cadenas, por bajitos que estuvieran, me llegaba a la
barbilla, así que…ni pensarlo. Tomé asiento en no sé qué banco de que rincón y
me puse a otear a aquella tierra de gigantes, a aquel patio del Olimpo, en el
que yo era un simple mortal. Pensaba en éstas cosas cuando llegó de nuevo Kim a
mi recate. Llevaba en las manos 2 cajitas de jugo con su pajilla ya
incrustadas, se sentó a mi lado y me compartió una de ellas.
-Bebe, es jugo de soya. Dice mamá que sirve para que
crezcamos fuertes y con mucha salud.
¡Salud!
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